Cultura · 4 min de lectura

Qué hacer en Cusco en 3 días: el itinerario que recomendamos

Dónde comer, por dónde caminar y qué dejar para el final — el orden que usamos con nuestros propios viajeros.

Cusco se recorre a pie mejor que de cualquier otra forma, pero el primer día no conviene forzar: la ciudad está a 3.399 m y el cuerpo necesita un par de días para adaptarse. Este es el orden que recomendamos a quienes llegan con tres días completos.

Día 1 — El centro histórico, sin prisa

Empieza tarde. Desayuna fuerte, sal hacia la Plaza de Armas y dedica la mañana a la Catedral y al Qoricancha, el templo del sol inca sobre el que se levantó el convento de Santo Domingo: en un mismo muro se ve el corte de piedra inca y la mampostería colonial encima.

Por la tarde sube al barrio de San Blas por la calle Hatun Rumiyoc, donde está la piedra de los doce ángulos. Son cuestas cortas pero empinadas; a esta altura se sienten. Termina en el Mercado de San Pedro para probar fruta, chicha morada y los jugos del pasillo central.

Día 2 — Las cuatro ruinas de las afueras

El circuito clásico une Sacsayhuamán, Q’enqo, Puka Pukara y Tambomachay. Se puede hacer en medio día. Sacsayhuamán es la parada larga: los bloques de la muralla en zigzag pesan varias toneladas y encajan sin mortero.

Ve temprano si quieres las explanadas vacías, o a partir de las tres de la tarde si prefieres la luz baja para las fotos. La entrada va incluida en el Boleto Turístico.

Día 3 — Valle Sagrado

Reserva el tercer día para el Valle Sagrado: Pisac, Ollantaytambo y, si el tiempo alcanza, Maras y Moray. Está entre 300 y 600 m más bajo que Cusco, así que se camina más cómodo. Si sigues hacia Machu Picchu, dormir en Ollantaytambo te ahorra el madrugón.

Cuatro cosas que nos agradecen siempre

  • Camina despacio el primer día. No es una recomendación simbólica: la mitad de los malestares de altura se evitan bajando el ritmo las primeras 48 horas.
  • Come ligero al mediodía. Las comidas pesadas en altura sientan mal.
  • Lleva capas. Entre el sol del mediodía y la sombra hay diez grados de diferencia, y al caer la noche baja rápido.
  • Efectivo en soles. Mercados, taxis y muchos comedores no aceptan tarjeta.

Dónde comer sin equivocarte

En el centro conviven dos mundos: los restaurantes de la plaza, con carta en cuatro idiomas, y las picanterías de barrio donde come la gente de Cusco. Nuestro consejo es alternar. Prueba el chiri uchu si viajas en junio, el cuy al horno si te animas, y sobre todo la sopa: en la sierra la sopa es el plato serio de la comida, no un entrante.

Para el mediodía, el segundo piso del Mercado de San Pedro tiene menús a precio local. Para la cena, San Blas concentra la cocina de autor y Plateros los sitios más informales. Reserva si vas en julio o agosto.

Cómo moverte

El centro se camina entero: de la Plaza de Armas a San Blas hay diez minutos cuesta arriba. Para las ruinas de las afueras y el Valle Sagrado necesitas transporte — taxi, colectivo desde la calle Puputi o un tour con guía. Los taxis no llevan taxímetro: se acuerda el precio antes de subir.

Ten en cuenta que muchas calles del centro son peatonales o de sentido único muy estrecho, así que el taxi te deja a un par de cuadras del destino y el último tramo siempre es a pie.

Si tienes un día más

Con un cuarto día caben dos opciones muy distintas. La primera: Machu Picchu, saliendo en tren desde Ollantaytambo y volviendo el mismo día — largo, pero factible. La segunda: una excursión de altura como Vinicunca o la laguna Humantay, siempre que ya lleves tres días aclimatado y no antes.

Si el cuarto día es tu último, no lo dediques a un destino a más de 4.000 m con vuelo esa misma tarde: el margen es demasiado justo si el clima retrasa la vuelta.

Errores que vemos cada semana

  • Programar Machu Picchu el día de llegada. Si el vuelo se retrasa, pierdes la entrada — no son reembolsables ni se cambian de fecha con facilidad.
  • Comprar el Boleto Turístico equivocado. Hay versión general y circuitos parciales; si solo vas a ver las cuatro ruinas cercanas, el parcial sale más a cuenta.
  • Dejar el Valle Sagrado para el final con vuelo por la noche. Volver del valle con prisa es la peor forma de conocerlo.

Con tres días se ve lo esencial. Con cinco, se ve sin correr — y esa diferencia se nota.

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